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Consejos para el primer día de guardería

Con el fin del verano llega el comienzo de un nuevo año escolar, también para los más pequeños que empiezan por primera vez en la escuela infantil. Esta nueva etapa de la vida suele vivirse de forma amarga tanto para padres como para los propios bebés.

No es posible evitar que los bebés se sientan angustiados y tengan miedo al quedarse solos por primera vez con personas desconocidas, y rodeados de otros bebés que desconocen también. Pero sí podemos suavizar este pequeño trauma transmitiendo a nuestro hijo seguridad y calma, en vez de tensión y nerviosismo. Para ello, los padres tienen que entender que no están “abandonando” a su hijo, si no que les están beneficiando con una educación temprana que ayudará a despertar sus sentidos y habilidades, les ayudará a establecer una tan necesaria rutina diaria y potenciará sus habilidades para relacionarse con otros niños de su misma edad.

Consejos para hacer el primer día de guardería más llevadero

– Llévale a sitios nuevos: cambia su rutina de casa, paseo, familiares, … llevándole a sitios nuevos, si puede ser con otros niños, para que no le extrañe tanto el primer día de la escuela infantil
– Cambia la rutina: cómo mínimo una semana antes, hay que acostumbrarle a madrugar, comer a las 12h, siesta de 13h a 15h, merendar a las 16h, cenar a las 19h y a dormir a las 20h o 21h como muy tarde. Los niños hasta los 3 años deberían de dormir un mínimo de 11 horas.
– Periodo de adaptación: los primeros días acompaña a tu hijo a ratitos cortos para paliar la ausencia de los padres.
– Háblale de la escuela: aunque sea muy pequeño, contarle todas las cosas que va a hacer y de cómo es, le hará ilusionarse con empezar.
– Olvida tu propia preocupación: el bebé no debe percibir por parte de los padres ningún indicio de tristeza o preocupación, al contrario, una actitud positiva hará que también la tenga.
– Las mejores cuidadoras: ellas saben hacer su trabajo a la perfección, y confiar y apoyarse en ellas es la clave de la educación de nuestros hijos. Nuestro trabajo es querer y educar a nuestros hijos, incluyendo todas las herramientas que sean necesarias, y las cuidadoras nos pueden ser de gran ayuda cuando nos desorientamos de nuestro camino.
– A los 5 minutos se les pasa: muchos niños lloran y gritan al irse los padres, dejándonos con el corazón desgarrado, pero lo que no vemos es que a los 5 minutos de irnos, vuelven a estar tranquilos y sosegados.

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La alimentación ayuda a recuperar el ritmo después de las vacaciones

Recuperar el ritmo después de las vacaciones no es nada fácil. Atrás dejamos días de sol, playa, montaña y sobre todo reloj fuera y alimentación menos controlada.

Al terminar las vacaciones nos reincorporamos al trabajo y los más jóvenes vuelven a la escuela. Coger otra vez la rutina, estableciendo horarios más rígidos nos cuesta.

Una de las cosas que cambian son las comidas. En verano son más frescas y ligeras, aunque también nos decantamos por los helados y bebidas frías azucaradas que son agradables para esta época. Las frutas propias del verano, como la sandía, contienen gran proporción de agua que favorece la hidratación frente a las altas temperaturas.

Nunca debemos olvidar que la alimentación debe ser siempre saludable y tiene que cubrir las necesidades del organismo.

Cada época posee alimentos propios que aportan los nutrientes necesarios de una manera variada y adecuada a la estación en la que estemos. Una dieta equilibrada debe ser satisfactoria y elaborada en función de los hábitos y la gastronomía de la zona. Hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales son nutrientes que deben estar, junto con el agua, presentes en la dieta.

El cambio estacional y la vuelta a la rutina nos hacen sentir un poco cansados y estresados. Conviene incluir en nuestra dieta alimentos como pasta, arroz, legumbres o patatas, que aportan energía y son pobres en grasas. Tampoco deben faltar las vitaminas y los minerales, recordando que el estrés puede influir en su pérdida.

Además, debemos de tener en cuenta que la ingesta debe ser en cantidades adecuadas de acuerdo con la edad y el estado fisiológico de la persona.

Las frutas, las verduras y las hortalizas son una fuente importante de vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra (vitamina C, ácido fólico, vitamina E, beta-caroteno, zinc, calcio, magnesio). Así, las naranjas, las mandarinas, los limones, los kiwis y los pimientos son ricos en vitamina C; mientras que las almendras, las avellanas y los aguacates lo son en vitamina E. Por su parte, contienen zinc el marisco y los cereales integrales, entre otros alimentos.

Vivimos en un país excelente para cubrir todas esas necesidades. Recuerda que la dieta mediterránea es ideal también en otoño, y sobre todo para comenzar y hacer este importante cambio de ritmo. Esta dieta, acompañada de actividad física, es un buen modelo para comenzar esa acomodación necesaria tras el parón vacacional.

Por último, recordarte que existen complementos nutricionales que también serán útiles para que termines de hacer ese cambio de ritmo y afrontar el cambio estacional y la vuelta al trabajo en unas perfectas condiciones.

 

Obesidad infantil, la gran pandemia actual

Estudios recientes alertan del aumento de las tasas de sobrepeso y obesidad infantil en España y Europa, un problema que los profesionales del sector sanitario, califican como “la gran pandemia” de la época actual.

Esta afirmación es inquietante por las implicaciones de salud que conlleva, algunas de ellas graves, ya sea de forma inmediata o posteriormente en la edad adulta. El riesgo principal de la obesidad infantil a corto plazo es la aparición de hipertensión arterial y la elevación de los niveles de triglicéridos en sangre, dos problemas que pueden derivar en enfermedad cardiovascular.

Asimismo, existe riesgo de sufrir diabetes tipo II no insulinodependiente, que es la forma de diabetes propia de la edad adulta y que hasta ahora era muy extraño encontrar en la infancia.

Los hábitos alimenticios se aprenden en edades muy tempranas, y adquirirlos correctamente conducirá a una mejor prevención de la obesidad. Todos los alimentos están permitidos si se toman con moderación. Evidentemente, algunos, más calóricos que otros, tendrán que tomarse en cantidades limitadas, como es el caso de las salsas de acompañamiento, los embutidos, los productos de pastelería… En cuanto a las bebidas, deberá aplicarse el mismo criterio. En caso de sed, hay que beber agua; cualquier otra bebida será permitida sólo de forma extraordinaria.

El índice de masa corporal (IMC) es el indicador aceptado internacionalmente para calcular un exceso de grasa en los adultos y la fórmula es una sencilla ecuación -kg/m2-, de la que se puede extraer el grado de gravedad de la obesidad.

En el caso de los niños, se considera que un menor tiene sobrepeso cuando el IMC se encuentra por encima del percentil 85, obesidad si sobrepasa el 95 y obesidad mórbida si supera el percentil 99.

Son muchas las causas que convergen para que España sea “el país con mayor prevalencia de obesidad infantil en toda Europa”, con un crecimiento “mucho más rápido” que el de EEUU en los últimos veinte años, al pasar del 30 % al 65 % de tasa de obesidad infantil, asegura.

En cuanto a las causas, el 95% de los casos de obesidad infantil responden a una predisposición, a causas genéticas y al ambiente. Hay factores como la alimentación, la escasa actividad física y la inactividad, y considera estas dos últimas como independientes, ya que a consecuencia de la inactividad o el “ocio pasivo”, además de no gastar energía se consumen “alimentos que no siempre son saludables”.

Obesidad infantil

Existe un “gradiente norte-sur” que hace que “los países del sur de Europa”, principalmente España y Portugal, cuenten con una mayor prevalencia de obesidad, a pesar de constar con sus reconocidas “dietas atlántica y mediterránea”. Por comunidades autónomas, son también las del sur de España, como Andalucía, Murcia o Canarias, las que cuentan con “más gruesos”.

Por otro lado, las investigaciones indican que la obesidad es una enfermedad social, dado que las mayores prevalencias de obesidad se dan en los niveles –
Aunque se pensaba que con la crisis las familias volverían a las comidas tradicionales, vemos que van a las calorías más baratas, mientras que los alimentos que más aumentaron su precio son los más saludables.

Los niños obesos pueden presentar problemas en las articulaciones, especialmente en las rodillas, que aguantan un peso que no corresponde a su edad, y también en la piel, porque se producen rozamientos y estrías que en situación de peso normal no aparecerían.

La obesidad también tiene en ellos sus repercusiones psicológicas, pues hay que tener en cuenta la posibilidad de ser el centro de las burlas de los compañeros, por la poca preparación en los deportes o por las dificultades que tiene para vestirse. Frente a estas situaciones, el niño obeso puede encontrar consuelo únicamente en comer más, y entrará así en un círculo vicioso.

Si el niño mantiene estos principios en su alimentación y los acompaña de la práctica regular de cierto nivel de actividad física, seguramente conseguirá mantener un peso adecuado a su talla. Todo ello conlleva tiempo, paciencia y una fuerte motivación por parte del niño y la familia. Sólo un comportamiento alimenticio y un modo de vida equilibrados servirán para luchar eficazmente contra su obesidad.

La obesidad infantil “tiene consecuencias a largo, medio y corto plazo”, hay que abogar por una “concienciación colectiva” de que nos encontramos ante “un problema difícil y de larga solución” que, no obstante, es “reversible siempre”.